Al tiempo que iba experimentando mi día a día en la capital, me surgían nuevas preguntas, nuevas curiosidades sobre cosas que veía, que vivía, que quería entender y de las que quería saber más. Así pues, yo sabía que en algún lugar había que plantear esas dudas que me intrigaban…
Un Uber no me parecía mala opción para seguir colándome en los entresijos de la sociedad taiwanesa y dar respuesta a algunas de mis curiosidades.
Y es que tengo tantos fragmentos de recuerdos de conversaciones con los conductores de los Uber de Taipei que no podía quedarme sin reflejarlo en un post de este blog…
Así que yo, Uber en el que me subía, Uber en el que preguntaba cosas. Me encantaba conocer Taipei así, preguntando y escuchando. Disfrutaba de charlar con los conductores, personas que acababa de conocer y con las que probablemente no volvería a coincidir.
Me contaban montones de cosas interesantes mientras me llevaban a destino, y con ellos, la distancia de un punto a otro de la ciudad de pronto no se medía en minutos, sino en calidad de conversación. Qué bonito es poder cambiar de unidad para medir distancia y tiempo, cuando de repente te das cuenta de que se puede medir de otra manera usando una escala que te llena más y que no cuantifica en unidades, sino en sensaciones.
Recuerdo muchos momentos de Uber. Hablé con ellos sobre la comunidad internacional que vivía en Taipei, me recomendaron lugares para visitar, me explicaron por qué los edificios más antiguos sólo tenían cinco alturas y por qué había cuatro grandes puertas monumentales en la ciudad que, de alguna manera, «la delimitaban».
Sin ser conscientes de ello, también me ayudaron a mejorar mi chino con cada una de esas travesías sobre ruedas. Aún recuerdo muy bien que, mientras hablábamos, aprovechaba para preguntarles si algo se decía como yo creía o si usaban otra palabra y así, gracias a ellos y a otras personas que iba encontrando en mi día a día, iba afinando mi aprendizaje.
Ellos me hicieron más liviana la mudanza, me llevaron de vuelta a casa cuando se me hacía tarde, me entretuvieron, me explicaron y me ayudaron a construir un mosaico de Taipei a base de pequeñas teselas que recogía a través de sus relatos.
Gracias conductores, fuisteis piezas importantes de la buena experiencia que viví y que me siguió cimentando un poquito más por dentro con cada una de las conversaciones que compartimos.
*Foto propia (Photo by © Halfasianpía)
